miércoles 22 de abril de 2009

Volviendo a las andadas

Es frenética la velocidad con la que los humanos nos enfrentamos a la vida, a sus placeres, a sus disgustos y a todo aquello que nos sugiere y que sigilosamente para por delante nuestro como un impulso inapreciable. Nada nos hace parar, recapacitar, elegir y tantas cosas más propias de nuestra especie y que nos diferencia del resto. Embutido en un principio de primavera otoñal, sólo Cayo, sólo él, ha sido capaz de hacernos parar, de volver a pensar y sobretodo, de volver a creer.